El milagro de creer.*
Escocia, 1830, en los bosques, la pareja mas rica del país edifica la casa de sus sueños, para su descendencia, para su futuro.
1838, la casa lista, a unos 500 metros del acantilado boscoso, se escucha el mar, cada vez mas, las rocas caen en abundancia, la tormenta que se avecina se ve a kilómetros de distancia de la costa, pero sus poderosas olas chocan contra Escocia, no corremos ningún peligro, pero nadie en el pueblo quiere opinar, todos temerosos vivimos, hasta el fin.
Malas noticias de Francia llegan a las tierras, la increíble tormenta arrasó con todo, inundaciones por doquier, no se encuentran sobrevivientes, la Muerte esta muy cerca.
Los buques de Alemania, África y otras colonias llegan a Escocia, no traen buenas noticias, están solos en el Mundo, las dos pequeñas islas son las únicas en pie, las únicas con vida, todo ha muerto ya, la tormenta nublo los cielos de toda la Tierra, ya no quedan ni cucarachas, solo nosotros.
Se escuchan numerosos truenos, olas en la rompiente, el viento es tan fuerte que arranca los árboles, el día se transforma en noche, no lo aguanto mas, salgo corriendo hacia mi casa, cerca del acantilado boscoso mi esposo no esta, pero yo con dos niños en el vientre no puedo correr peligro.
A salvo en mi casa, prendo la vieja lámpara de aceite del sótano, la que nos alumbró hace ocho años atrás, el viento se escucha más fuerte y mi esposo no aparece. Hace frió y siento cuatro piecitos pateando, es hermoso, la primera vez, y estoy sola.
Subo sigilosamente a buscar mi novela, aquella que deje de leer ayer, no hay nadie, sigo sola. Repongo el aceite por grasa de ballena, ahora la lámpara alumbrara toda la noche.
Ya es de día y el sol ilumina la puerta que quedo abierta, voy al pueblo por provisiones, y mi casa esta impecable, la tormenta ceso.
Todo es extraño, no hay nadie, las casas destruidas, cadáveres por doquier, supongo que viviré sola en este mundo.
Diez años han pasado, mis hijos ya tienen 9 añitos, y yo, vivo con la esperanza de volver a ver a mi marido.
Los niños están dormidos, la puerta suena, asustada, pensé q era el viento; fui a abrir, ya estaba cansada, no tenia esperanzas, cerré los ojos, abrí la puerta. Dios mío, tanto esperé, tanto oré, que ahora los ángeles me lo devolvieron, yo también te amo, te he extrañado, tus hijos están durmiendo, vamos a tomar un té.
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Éste pequeño cuento lo hice en la hora de Lengua:P. Espero que les guste!!